jueves, 17 de noviembre de 2016

Nada por aquí...


Foto: Beate W

- ¿Es que no te fías de mí?
El niño contempla el lápiz que sostiene su prima sin demasiada confianza.
- Pero si no te va a pasar nada -prosigue ella-. Lo he visto en casa de una amiga: un mago vino a su fiesta de cumpleaños y nos hizo un montón de trucos y éste se lo hizo a ella y todas nos reímos mucho. Que no pasa nada, de verdad.
- Es que... -aventura él, tímidamente.
- ¿Qué? -La niña comienza a estar molesta.
- Es que... eso no es una varita mágica -acierta a decir-. Es un lápiz.
Por un momento, el argumento le parece de peso pero esa sensación se esfuma rápido ante la expresión de disgusto de la niña.
- Ya lo sé -espeta con la confianza que da el conocimiento absoluto-. Pero para el caso es lo mismo. Un mago no necesita una varita para hacer magia -añade sacudiendo la cabeza para remarcar lo que, a todas luces, es evidente.
El niño agacha la cabeza.
- ¿Y por qué no lo pruebas contigo? -protesta esperanzado.
- ¡Aaaaaarf! -suspira la niña, irritada-. Los magos tienen ayudantes -recalca-. No se hacen los trucos a ellos mismo. ¿Es que no sabes nada de magia?
El niño no está seguro de querer contestar.
- Es muy fácil -insiste ella-. Mira -añade colocando la punta del lápiz en el oído de su primo y sosteniéndolo para que quede horizontal-, se pone así y luego se empuja y sale por el otro lado. ¡Tachán! -exclama entusiasmada.
El niño se aparta ligeramente.
- ¿No tendrás miedo, no? -pregunta su prima.
- ¿Yo...? ¡Qué va! -asegura sin demasiada convicción.
- Pues ya está -sentencia ella-. Mira -añade-, lo haremos de golpe, como cuando mi madre me quita una tirita: ¡ras! ¿Vale?
- No sé...
- Vengaaaa... ¡por fiiii!
El niño asiente encogiendo los hombros.
- ¡Yupiiii! -exclama ella batiendo palmas-. Tu cógelo fuerte por aquí -dice, colocando la mano del niño sobre la punta del lápiz que ya está de nuevo dentro de su oído.
- Vale... pero cuenta hasta tres -añade con un estremecimiento.
- Vale.
La niña pone una mano sobre la cabeza de su primo y levanta el otro brazo por encima del hombro.
- ¡Señoras y señores, con ustedes... la mejor maga del mundo! -exclama-. A la de una... -el niño hunde todavía más la cabeza entre los hombros-, a la de dos... -y cierra los ojos con fuerza mientras aprieta toda la cara-, ¡y a la de...!

Foto: Victoria Pickering

 - ¡Laraaaa! -una exclamación resuena desde dentro de la casa-. ¡A comer!
La niña pone los ojos en blanco y deja caer el brazo que golpea contra su costado.
- ¡Jooo, mamaaaaaá, que estamos haciendo magia!
- Pues ya seguiréis luego. Venga, lavaos las manos que ya está la mesa puesta.
- ¡Mamaaaaaá! -protesta ella, clavando los talones en el suelo del jardín.
- ¡Lara! ¡A comer!
Lara se mete en casa dejando un reguero de protestas por el camino.
Su primo se levanta de un salto y la sigue trotando.
Antes de entrar en casa, se detiene y lanza el lápiz con todas sus fuerzas hacia el patio del vecino.

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