domingo, 27 de noviembre de 2016

Después de medianoche




Foto: Sergio Flores Rosales
Cuando la carroza se marchó al baile sin ella, la muchacha corrió al jardín, se derrumbó en un apartado rincón y dio rienda suelta a su dolor y su rabia.
"No es justo", sollozaba. "No es justo".
Entre lágrimas, rememoró todas y cada una de las veces en que su madrastra la había humillado, maltratado, insultado. Nunca hacía nada bien, nunca era suficiente.
Intentó recordar el rostro de su madre, muerta hacía tanto que apenas la reconocía en los escasos retratos que conservaba en el polvoriento desván.
Pensó en su padre, en sus constantes viajes. En uno de ellos trajo a su nueva "madre" y a las dos pequeñas arpías. Del último, simplemente no regresó; ni una carta, ni un adiós. Tan sólo vacío y deudas.
Cuando sus hombros dejaron de sacudirse, su mente imaginó a las tres mujeres entrando a palacio. La bruja confiaba en poder conseguir para sus hijas algún marido lo suficientemente rico y lo suficientemente estúpido.
"Buena suerte", suspiró con una sonrisa sin humor, mientras veía a su madrastra tratando de cazar los sapos que aquellas dos bocazas parían sin cesar. Casi estuvo tentada de sentir lástima de la mujer, condenada a cargar con aquel lastre.
Casi.
Al cabo de un rato se levantó, subió las escaleras de su habitación y tomó asiento en el alféizar de la ventana.
En la penumbra, las oyó llegar, parloteando indignadas y perplejas. "¡Qué sorpresa! Parece que la velada ha sido todo un éxito", pensó. La chica no tenía duda alguna de quien iba a pagar los platos rotos a la mañana siguiente.
El alba la encontró donde la noche la había dejado.
Suspirando, se levantó y se dirigió a la cocina, dispuesta a trazar una raya más en la pared de su celda. Allí, descubrió el cadáver de una rata cerca de la alacena. Con un estremecimiento de asco, cogió al animal por la cola y lo lanzó a la basura.
Entonces, mientras contemplaba hipnotizada el menudo cuerpo, un pensamiento cruzó su mente. Recordó dónde guardaban el veneno para los roedores. Su respiración se tornó brusca y el corazón se le aceleró.
Con un estremecimiento, se giró dispuesta a sacudirlo de su cabeza.
La mañana discurrió apacible como un domingo de difuntos hasta que la señora despertó. Furiosa, ordenó mil tareas innecesarias a su hijastra e hizo levantar a sus hijas que descargaron toda su ira sobre la muchacha exigiendo, chillando, insultando.
Mientras removía el guiso de la comida, lágrimas de rabia caían sobre el caldero.
Bruscamente, detuvo la cuchara y en un revuelo, cogió el matarratas y lo vertió dentro.
Horrorizada, se retiró del hogar y contempló la olla como si fuese un animal salvaje.
Un grito exigente llegó desde dentro de la casa.
Dio un paso adelante y comenzó a echar especias para disimular el sabor.
Foto: Peter C
Cuando el sol caía, la muchacha, sentada en el sillón que una vez fue de su padre y que tantos años le había sido vedado, contemplaba el fuego del hogar. Ya no se oían gritos, tan sólo un llanto débil y lastimoso que provenía del cuarto de la bruja.
Dejó que el día muriese lentamente y después, fue a recoger sus escasas pertenencias y toda la comida que pudiera cargar. Guardó las pocas monedas que encontró entre sus ropas y prendió fuego a las cortinas.
Mientras se internaba en el bosque, la casa se fue iluminando por dentro como una lámpara de papel.
A lo lejos, las campanas de la iglesia anunciaban la medianoche.

10 comentarios:

  1. Me parece que nunca,jamás en la vida, te van a contratar en la factoría Disney; lo que, hoy por hoy, es algo de lo que se puede presumir ;). Bonita versión, muy "liberadora".

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    1. ¡Y sin príncipes azules! ¿Quién necesita la monarquía patriarcal cuando tiene determinación y mala leche?
      En cuanto a Disney... de momento no se han puesto en contacto conmigo, jajaja.

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  2. Brutal revisión del clásico. No hay magia, sino humanidad, rabia, ira, venganza... Fantástico, Oscar. ¡Saludos!

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    1. Rabia y venganza, tú lo has dicho, David. ¡Hasta aquí hemos llegado!
      Muchas gracias por estar por aquí.

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  3. Permiso Òscar. Es la primera vez que vengo a tu sitio, es un placer haber leído tu relato, con ese estilo definido, claro y contundente, una forma de narrar con intensidad. Conozco algunos de tus escritos, te he leído en otro lado, pero ir a la casa de un escritor es una cosa muy diferente y sustancialmente más enriquecedora. Te felicito por la estética que tiene tu blog, me ha agradado mucho. Si lo permites te estaré visitando nuevamente. Un gran saludo.
    Ariel

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    1. Bienvenido, Ariel. No necesitas permiso para entrar: siéntate, ponte cómodo y espero que disfrutes. Me alegro mucho de verte por aquí y espero que me visites a menudo. Muchas gracias por tus comentarios (aquí y en otros sitios) y muchas gracias por dejarte caer. Es un auténtico placer.

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  4. Hola, Oscar. Sin dudas un relato sin tapujos. Los sentimientos y las reacciones más humanas y mas terribles.
    Muy buen relato.

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    1. Muchas gracias por tu comentario, Mirna. Y espero que nos sigamos viendo por aquí. Un saludo.

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  5. Un cuento sin hadas pero con muchísima fuerza.
    Me gusta este cambio que le has hecho, sin duda denota humanidad y auxilio. Un odio representado y liberado por ambas partes.

    Saludos.

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    1. Muchas gracias por el comentario, Irene. Ya basta con eso de que las princesas deben soportarlo todo en espera de un príncipe que las salve. Como dijo un gran escritor: "usa tu odio".

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