jueves, 25 de agosto de 2016

Amantes


Foto: Juan Hurtado

Cuando miré, ella me sonreía.
Luego bajó la cabeza, temerosa de que alguien lo advirtiese. Tenía quince años, yo diecisiete. Era la hija del señor del castillo, yo servía copas en el salón. Nuestro amor era tan imposible como peligroso.
Pero yo no podía olvidar aquella noche en la que, sin más ropa que nuestras caricias, nos amamos.
“¿Volveré a verte?”, le pregunté. Ella sonrió. Igual que ahora.
Un caballero gritó mi nombre, sobresaltándome:
- ¡Muchacha, no te quedes ahí parada! ¡Llena mi copa o te despellejo!
Y dándome un fuerte pellizco en el trasero, estalló en ruidosas carcajadas.





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