jueves, 21 de julio de 2016

Zapato de cristal



- Eres tú -susurró el príncipe, arrodillado ante la muchacha.
El zapato de cristal encajaba como un guante en su menudo pie.
La chica lo miró, asombrándose de que no la hubiese reconocido en cuanto la vio, a pesar de haber estado bailando juntos toda la velada.
"Supongo que no eran mis ojos lo que estuvo mirando tan embelesado", pensó con sorna. ¿Qué clase de vida le esperaba con semejante idiota?
Miró entonces a la vieja bruja y las dos arpías, estupefactas por la indignación y la sorpresa, y recordó los castigos y los golpes y las burlas y cómo su padre la había abandonado a su suerte en manos de aquel monstruo.
Se regocijó pensando en lo que significaría ser princesa así que, antes de que la vieja pudiera ni tan siquiera hablar, compuso la mirada más dulce que pudo en su rostro angelical y la dirigió a su futuro esposo mientras, del bolsillo de su delantal, sacaba algo para ponerlo ante sus ojos.
- Y además -dijo- tengo el otro.


Foto: Steve Schlange

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