sábado, 23 de julio de 2016

Ascender



Se derrumbó sobre la butaca boqueando como un pez fuera del agua.
A su alrededor, caras borrosas movían los labios como si cantasen una canción que le sonaba familiar aunque no conseguía entenderlos.
Al fondo de la sala, un niño le sonrió mientras le hacía señas con la mano.
Aquella invitación le pareció de vital importancia, así que tiró tan fuerte de sí mismo que se arrancó el alma de la carne y salió volando.

Foto: Brian Dimarucot

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